Hoy los ojos Requena me recorre

con mosto de leyendas primitivas:

cincuenta años de fiestas: alfaguaras

en milagro limpísimo de vida,

cúpulas silenciosas, altos muros

o palancas rompiendo lejanía,

tierras duras que arquean la distancia

como puente que abraza dos orillas.

.

     ¡Qué mágico espectáculo de calles

engalanadas cuando el nuevo día

le roba al cielo zumo de naranja

y el cielo de vencejos se salpica!

Parecen hinchazón de piedra seca

donde la sangre sobre el tiempo mira.

El sol, padre total, cuelga cosechas

en cerco de hondonadas amarillas

y flotan golondrinas sobre patios

como burbujas de la tarde limpia.

 

     Cincuenta años de fiesta te contemplan,

Requena, y redondean tus pupilas

y parecen prestados estos pies

que recorren cansados tus orillas.

Tierra de vastedades, tierra bella

donde beben las horas lejanía

y parcelas de dientes traicionados

alzan un testamento de semillas.

Requena, cuando el viento la reseca,

parece una doncella mal vestida.

 

     Sombra de torres pisa santuarios,

viñedos carismáticos, sencillas

pámpanas en elogio de cosechas

como oración de tierra ya cumplida.

¡Oh vino aprisionado entre los dientes

de acequiones que ahuyentan la sequía!

Huertos tapiados como relicarios

levantan -extasiados todavía-

norias que puso el tiempo boca abajo

y el alma de los muertos boca arriba.

 

     Cincuenta años de fiesta te contemplan,

Requena del amor y de las viñas.

Las calles alabean baluartes

y se internan gozosas en la vida.

Esta es la vastedad, estos los símbolos,

éste es el Lázaro que resucita

de su propia expresión. Alcores grises, .

flotantes en el llano como islas,

son mastines desnudos de ladridos,

alhajas bellas de una piel sumisa.

 

     Tiene los ojos largos esta tierra

como las almas verdes de las viñas.

Tempestades de carne temblorosa

renuevan alboradas presentidas

y la luna en las noches, bello pájaro,

sobre surcos de amor se purifica.

Los lagares, penachos de altozanos,

petrificada magnitud de espías,

son corazones o dolor hermoso

con la mirada y casi infinita.

 

     Pasan hombres de labios como playas

desnudas y muchachas campesinas,.

por los senderos anchos, novias nuestras,

que en volandas aúpan la vendimia.

Ellas son las columnas de esta tierra

donde el alma de Dios crece invertida,

tumulto de pasiones heredadas

que el beso de unas huellas eterniza.

 

     Salve, Requena inmensa, fiesta hermosa

donde la luz parece que respira.

Salve, madre dichosa amamantando

labios de mosto sobre colinas.

Tu viento es un murmullo de sirenas,

tu cielo rozadura de la vida,

tu vientre un oleaje silencioso.

poblado de conciencia femenina.

Salve, Requena santa, flor del alba

con el tiempo colgado en las rodillas.

 

 

(Publicado en El Trullo de Febrero de 1998)