Requena: Vino y Fiesta

(Parte Primera)

Canto al vino -sangre de mi tierra-

 

¡Oh VINO!

Germen incubador,

olor de mi pueblo,

esencia de mi tierra,

poeta del otoño,

compañero del pan compartido,

mensajero del cielo.

 

Yo sé que el VINO

enseña al corazón

la FIESTA de la sangre

y hace temblar

almas rejuvenecidas,

y guarda una corona

de gozos forjada

que ciñen

cabezas

iluminadas y serenas.

 

Yo sé que el VINO

despega sueños

de luna inmensa

y siembra

huellas de alegría,

y abre ventanas

de versos amados

y escribe

renglones de pasión,

 

Yo sé que el VINO

es tributo estelar

impuesto a los hombres

por los Dioses celosos

-al ser su secreto descubierto-,

y late en las sienes

marcando el ritmo

de los siglos

y de la Historia.

 

Yo sé que el VINO

es flujo de vida,

parido de tierra,

la más pura esencia

de un rito de amor.

Y sé que el VINO,

en REQUENA,

es luz de infinito,

es espejo profundo

de amaneceres esperanzados.

 

Yo quiero,

de mi tierra, estos cielos

de horizontes prolongados

y de aromas florecidos.

REQUENA

desbordan tus viñas

de recio verde vegetal,

reflejando rostros atrapados

como un espejo

de hermosura.

 

Yo quiero,

de mi cielo, estas aguas

de lluvias fugitiva

y de cristales temblorosos.

Aquí, bajo las nubes,

se escuchan los corazones

vibrar temores y deseos

en un latir

que cruza el espacio.

 

Yo quiero

esta tierra

de vida desbordada

sintiendo mordeduras

en su piel delicada

y curtida de guijarros.

Un aliento jadeante,

a veces gemido,

le susurra palabras

de amor y deseo.

 

¡Oh REQUENA!

Antorcha de fragancias

de mostos ubérrimos

y ásperas brisas.

Gracias, mil gracias,

por tus jardines

de sueños de perfumes

que nos brindan

ese fruto generoso.

 

¡Oh REQUENA!

campanario de lluvias

de cepas parpadeantes.

Tu aire tiembla de pasión

al rozar racimos de ternura

antiguos como tus murallas

y renovados

como tu cielo.

 

¡Oh REQUENA!,

espejo de auroras otoñales.

Bajo un manto de nubes

de silencio,

las viñas ofrecen,

desprendidas,

uvas vestidas en púrpura.

Preludio

de resurrección.

 

¡Oh REQUENA!

Preñada de racimos adolescentes

de dulces sueños.

Sortilegio

de plenitudes

capaz de convertir

sudor y esperanzas

en VINO,

sustancia iluminada.

 

 

(Parte Segunda)

Canto a la 51 Fiesta de la Vendimia

 

Decir

FIESTA de la VENDIMIA

es hablar

con voz de cielo

y rozar

con las yemas de los dedos

los labios de los Dioses.

 

REQUENA

rezuma néctar

de frutos preñados

por cepas generosas.

y lo obsequia,

desprendida,

sabedora de su inmensa riqueza.

 

¡Oh REQUENA!,

Memoria de plenitud

con vibrado cielo de futuro.

Armonía que reverbera

entre cuerpo y espíritu;

es tu FIESTA más grande

perfecta fusión

del trabajo, la dicha

y la esperanza.

 

¡Celestial anhelo!

Deleites compartidos.

Los recios corazones

se unen en himnos amorosos

y las músicas ocupan

el espacio de la espera,

el tiempo de los anhelos,

la vida entera.

 

Decir LA FIESTA

en REQUENA,

es hablar de empeño

y de esperanza.

De generosa entrega

y de ilusión compartida.

 

La FIESTA de la VENDIMIA

es ofrenda de vinos

engendrados

en las profundas entrañas

de REQUENA.

 

La FIESTA de la VENDIMIA

es el alma embriagada

de un pueblo espléndido

que ofrece

abiertas

sus manos fecundas.

 

El tiempo,

inquieto viento humano,

ha escrito, en silencio,

la HISTORIA,

y multitud de bocas sucesivas

lanzando su voz

en la plenitud de los vientos,

51 veces vigorosos,

han proclamado

desde REQUENA,

la FIESTA DEL VINO.

 

 

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1998)