Van ustedes a admirar

todas las maravillas

que Arrabal, Peñas y Villa

nos pueden enseñar:

 

Por el Casco Antiguo comienzo,

no por razón especial,

pero ya que es el más viejo,

¡Dejémosle comenzar!.

 

Sólo con adentrarte,

un poquito en la ciudad,

quedaste admirando

una obra celestial.

 

Rodeada de muchos pinos,

allí firme y chula está

nuestra fuente de los Patos,

o de cisnes, ¡qué más da!.

 

Vemos también allí cerca

nuestro antiguo y gran Castillo,

que da el comienzo en su cuesta

al barrio que yo describo.

 

El Carmen, Santa María,

nuestra iglesia del Salvador

le dan a estas bellas tierras

un buen y antiguo color.

 

Se me olvidaba nombrar

a la Virgen dolorosa,

patrona de nuestro pueblo

de todas, la más hermosa.

 

Demos ahora el comienzo

a otro gran barrio estupendo,

las Peñas Ilamábanse antes,

las Peñas le siguen diciendo.

 

Empecemos desde arriba,

donde cabe señalar

el lugar donde reposa

el mártir San Sebastián.

 

Adentrándonos más al centro,

tenemos que dedicar

unos poquetes versos

al ternilla cultural.

 

Reinaba en las callejuelas,

un amplio conservatorio,

trasladado más al centro

hace muy poco tiempo.

 

Y en ésta misma manzana

tiéndese siempre a llenar

nuestro honroso y conservado

Teatro Principal.

 

Cambiemos ahora de barrio,

iremos al Arrabal,

las calles más modernas

que tiene nuestra ciudad.

 

Encontrámonos con la banda,

«Sociedad Santa Cecilia»

y ésta también merece

unas cuantas estrofillas.

 

Nadie ajeno a ésta banda,

jamás se podrá imaginar

el partido que nosotros

la vamos a sacar.

 

También hay ratillos duros

que tenemos que aguantar

cuando hay que dar un concierto

y se tiene que preparar.

 

Anima nuestras calles

cuando hay alguna fiesta,

y visita cada poco

ciudades extranjeras.

 

En lo más importante seguro

está nuestro Monumento

que le rinde a la Vendimia

el calor que nos arrima.

 

Dicen que la Vendimia es fiesta,

mucho antes de que empiece,

porque al sentir los riñones

¡odo! quién no se queje ...

 

De estos barrios relatados,

me queda por señalar

muchas cosas grandiosas

imposible de explicar.

 

Todos los requenenses,

con el odo y el poquete

honramos nuestra ciudad

y gustamos a la gente.

 

Quisiera poner en la cola

de éste alargado poema,

lo tanto que me alegra

poder vivir en Requena.

 

Ines Prieto Hernández