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M e dicen que escribo muy poco y siempre lo hago de lo mismo, pero tengo que aclarar que: en primer lugar no soy escritor y en segundo término, a un servidor lo único que le ha gustado desde que tiene uso de razón es la música. Bien, hecha esta aclaración hoy, en esta crónica, quiero hacer semblanza de las discotecas que proliferaron desde finales de la década de los 60. Corría el año 1969 cuando Gastón Cócera, dueño del Restaurante Sol, que estaba situado enfrente del Bar Huerta, arregló a cuatro jóvenes emprendedores un bajo. Lo llenó de luces intermitentes y allí se instaló la primera discoteca en Requena. Estos cuatro chicos se llamaban: Antonio Yeves, Carlos Castell, Rafael Cerveró y Juan Carrascosa. Seguimos con la segunda discoteca en funcionamiento. Esta fue al siguiente año, es decir, en 1970. Su ubicación era en la calle San Agustín y se llamaba Bacus, en homenaje al Dios griego del vino. Los disc-jockeys, que estuvieron tres meses en verano, a piñón fijo, cobrando 500 pesetas los fines de semana, eran: Antonio Yeves y Juan Carrascosa. La tercera discoteca en cuestión estaba situada en la calle Luis Verdú y se llamaba Pico Rojo. Se inauguró el 10 de agosto de 1974 y, según sus dueños que eran tres (Enrique, Felipe y Fulgencio), el primer día vendieron 2.000 entradas en las dos sesiones de tarde y noche, consiguiendo un éxito arrollador sin precedentes. Los disc-jockeys que más tiempo estuvieron fueron Juan Carrascosa y un chaval con 16 años llamado Toni Diana. Como la sala de baile El Majuelo iba haciendo declive con las orquestas, la Fiesta de la Vendimia, lo convirtió en 1975 en discoteca. Pero duró muy poco tiempo. Los dos jóvenes que estuvieron en la cabina de los discos fueron Toni Diana y Antonio Martínez. Pasamos a la quinta discoteca de nuestra ciudad. Estaba situada en la carretera Madrid-Valencia, km. 277, a la entrada de Requena. Su dueño era José García y abrió sus puertas en agosto de 1975. El nombre de la misma es, porque funciona todavía, Paty. Su primer discjockey fue Manolo Peris y para atraer a los jóvenes, puesto que estaba apartada del casco urbano, hacía elección de Miss Paty y actuaciones de artistas invitados. Seguimos con nuestra crónica y al final de la Avenida General Varela, hoy Avenida de Arrabal, un hostelero llamado Máximo Torres Monterde inauguró en el año 1977, concretamente en agosto, la discoteca Maxi, es decir, la número seis en nuestro orden. Recuerdo que organizaban concursos de baile de rap y otros estilos para atraer a los jóvenes. Premiaban al ganador con un viaje a Mallorca. De la discoteca Harlem, que abrió sus puertas en la calle San Agustín, solo sabemos que su dueño se apellidaba Garijo, y en los primeros fines de semana el lleno era asegurado, pero después pegó un bajón precipitoso convirtiéndose en un pub para tomar algo. Retornamos el orden numérico y la siguiente discoteca, la número ocho, cuyo dueño es Gastón Cócera, se inauguró el año 1980. Se llamó Sol II y su localización estaba -de hecho está, aunque no en funcionamiento- en la carretera Madrid-Valencia, Km. 274. Lo mejor de ella fueron sus disc-jockeys que algunos de los cuales vinieron expresamente de Madrid. Y ya pasamos a la última, la novena. Se llamó Zruspa (actualmente Habana Blue). Sus dueños eran Nicolás Sánchez y Antonio Esteban. Se abrió en el año 1982, en septiembre, en la calle peatonal Antonio Beltrán Martínez. La decoración la realizó El Corte Inglés, y la idea fue desde un principio, que fuera pub-discoteca. No me quieto extender más pero solo diré que cuando vino el estrepitoso fracaso económico de todas ella, sus respectivos dueños formaron una asociación para repartirse solo las ventas de entradas. Pero esto duró escasamente un año. Bien, y hecho esto a grosso modo deseo que esta crónica discotequera les ayude a los jóvenes de nuestra ciudad a saber algo más sobre el aspecto musical que se vivió en las décadas de los años 70 y 80. Luis Latorre Pérez
(Publicado en El Trullo de agosto de 2000) |