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REQUENA Y SU FIESTA EN EL TERCER MILENIO
1 - ELEGÍA
Quisiera ser un poeta de verso noble y canoro, y que mi voz, cual saeta, dijera cuánto te adoro.
Quisiera que con destreza fuera digno de cantarte y propagar tus proezas con maestría y con arte.
Y que no desmereciera de tus ilustres cantores, de ese don que tú les dieras para glosar tus amores
a tus tierras y a tus gentes, a la esbeltez de tus torres, a tus fuentes transparentes y al vino que raudo corre.
Quisiera cantar ferviente por tus mil años de historia, por el progreso reciente que hoy te cubre de gloria.
Y que esta voz cuando suena, como una perla amarilla, sea magia en La Villa, corona sobre Requena.
2 - CANCIÓN
Nació este pueblo presto a la faena, a trabajar las tierras con oficio y dióle su labor tal beneficio que presto la dicha ganó Requena.
Los dioses la escogieron predilecta: probóla duro la enemiga historia, mas con bravura alcanzó la victoria y singulares éxitos cosecha.
Con su trabajo labra el señorío y pide con orgullo las prebendas: que en otros serán graciosa hacienda con suerte conquistada, no con brío.
y esta fortuna, y el constante esmero, mudarán el estado de este pueblo; ejemplo en él verán los otros pueblos por su riqueza y bienestar certero.
Seguirá unido y fiel a su pasado abriendo surcos hondos de futuro, mientras el presente aflora seguro, con empeño y mérito buscado.
Entrará en el nuevo siglo el viajero con todo su progreso de equipaje, adiestrado en la lucha, y con coraje batallará por un futuro próspero.
Y Requena, en su crecer afianzado, por S. José, abre un brazo hacia el Levante, y por La Avenida, cual doble amante, hacia Castilla alza el otro confiado.
Y complacido abraza la campiña y manda un guiño a la celosa sierra; y goza con el brío de la tierra, sus olivos graves, sus rientes viñas.
Absorbe todo el flujo de sus ramas y el élan de la huerta bien cuidada; siente su natura presta, ilusionada, para unas fiestas que el campo proclama:
a imitar su esplendor y colorido y degustar los bienes de la vida, disfrutando de las prendas recibidas, cual joven árbol de color vestido.
Perfecta alquimia de placer y entrega si el vino se nos vierte generoso; cual segura senda, guía deleitoso, que desde el campo a la ciudad nos llega.
3 - EL CIELO EN LA FIESTA
Nace el día. La Aurora de escarlata, desde El Tejo y La Vereda extiende su inmenso manto de luz, que se enciende en un áurea gloriosa de plata.
Policromía de ardientes deseos se alza el sol. Y con sus rayos primeros se adentra por los valles y senderos y luego por las calles y paseos.
Ya en la ciudad, con pinceles de ensueño borda en las paredes blancas, cerúleos rostros, ojos de mujer risueños; labios de grana, por amor etéreos.
Cuando el sol hacia el cenit asciende desciende a la fiesta su luz brillante y una danza cromática, al instante despierta: magia que a todos enciende
Las mozas, en refajos y corpiños, presumen arco iris de colores; los mozos, en chalecos y fajiños, panel lujoso de nobles licores
que de los almibarados racimos se incuban en el majuelo, y con crianza, mantienen a los hijos de esta raza y con fervor y gozo compartimos.
Otras prendas, con tonos singulares de rojos, ámbar, granates o verdes, por donde el damo y la dama se pierden, colorean las calles y lugares.
Entre azules de cielo y uva unidos, la Avenida, que Requena vertebra, es toda luz, que la fiesta celebra, cuando los astros giran complacidos.
Y los majuelos irrumpen contentos, de El Arrabal, Las Peñas y La Villa, y en sus ojos y ardientes mejillas rosadas, hierve el fervor del sarmiento.
Un gran racimo es este pueblo, entero, henchido de savia contenida, que rezuma por calles y avenidas ansia de entrega en caldo lisonjero.
Trazada ya la curva prefijada cede el sol a la luna caprichosa su trono, que altiva y a la par dichosa luce corona y alba plateada.
Hechizará la noche con el fuego enviando cascadas de colores, serpentinas de luces y de olores, fantasía iluminada, trasiego
de ilusionadas y alegres miradas, que la luna rige desde las almenas, mientras la orquesta toca en las verbenas y pasan las horas, enamoradas.
Magia hay en las noches de Requena: noche de los racimos, de la zurra, del labrador y el vino, hacen que discurra el gozo de vivir por nuestras venas.
La noche es dulce broche plateado, copa escanciada de licor añejo, ennoblecido con amores viejos que a la luna se brinda enamorado.
Período tras período ya cumplidos, el día con la noche vanse yendo y vanse maravillas sucediendo de colores y sabores compartidos,
hasta llegar la fecha más gloriosa, en la que la comarca entera unida en rezos y vivas, hacen de la Avenida, un largo beso a la Virgen Gloriosa.
Requena, con sus aldeas, semejan un surtido amoroso de flores, sentidos ramos de ardientes fervores, que bajo el manto de María dejan.
Y al final del día muestra contento la luna, cuando sonríe escondida y marca a la uva el camino, tímida, que desde la fiesta va hasta el sarmiento.
La fiesta es pacto, cómplice y gozoso, de los hombres, los campos y los cielos, con la luz del sol, simiente de anhelos; con la voz de la luna, eco borroso.
Mas, antes que al cuidado de la cepa tierna torne la uva, brindemos por Requena, por sus vinos, sus gentes y su amena fiesta. Que con los siglos sea eterna.
(Publicado en El Trullo de febrero de 2001)
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