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Nota de Redacción: En nuestra edición del pasado mes de Agosto, no pudimos publicar los trabajos que insertamos seguidamente, por recibirse cuando la edición estaba cerrada. Sólo pudimos incluir una breve nota referida al fallecimiento de este destacado requenense que paseó con orgullo por España esta condición. Fue uno de los promotores de las reuniones de nuestros paisanos en Madrid y perteneció a la Segunda Fiesta de la Vendimia.
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Como escribía el poeta: "Nuestro compañero del alma, compañero: Ha muerto". Sorpresivamente, como la vida ha llegado su morir, requena ha perdido a quien la amaba tanto como le dolía. Paradigma en la infancia, introvertido en el dolor -hasta cuando de niños llorábamos la muerte de su hermana- hizo de la discreción y la sencillez su filosofía vital. Riguroso en el derecho, incansable y apasionado contra la injusticia, llevó sus ideales en sus carreras administrativas: letrado de la Dirección General de los Registros y del Notariado, letrado en la Dirección General de Tráfico. Crítico, solvente y axiomático de los errores judiciales, temperamental frente a la arbitrariedad y hasta el límite en los recursos de su Gemma o Antonio. Aglutinante y defensor de los valores requenenses, había heredado la nobleza, el físico y los afectos inquebrantables de los Pilo. Hacía honor, trabajando para ella y hasta divulgando su historia y dichos requenenses. En los libros sagrados orientales se recita: "los ríos que mantienen su cauce son reyes de los valles". Toni, en el río de su vida, por su respeto a todos y de todos era el Marqués de Pilo, con escudo nobiliario. En el aire de la Villa, por el Castillo, suena la más perfecta música que todos los genios recrearon. Requiem aeternam donae domine, en su latín estudiado, dominado y aplicado. Antonio Viana Caja, con quien tantos quereres compartíamos, está, y es ya, en la universalidad con el Ser Supremo, es ya una vivencia distinta. L.G.M. |
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Antonio Viana Caja: todo un requenense. Esperaba en el cementerio de la Almudena de Madrid, el pasado día 2 de Agosto, la llegada de los restos mortales de Antonio Viana Caja, que tan inesperadamente nos ha dejado, cuando recordé los versos de Agustín Goitisolo: "Tu destino está en los demás / tu futuro en tu propia vida / tu dignidad en la de todos", y pensé que bien pudieran haber estado inspirados en lo que fue la vida de este requenense, porque el paralelismo entre tal reflexión y la trayectoria de Antonio en este mundo es grande. Antonio, también conocido como Pilo, ha tenido su destino en su familia, en sus compañeros de trabajo, en sus paisanos y amigos, en sus semejantes, en su pueblo al que siempre ha querido volver y volverá, aunque ya no pueda disfrutar de la Fiesta de la Vendimia, ni de las reformas de la Plaza del Castillo donde había fijado ilusionadamente sus cuarteles de invierno. ¿Cómo querer al todo si no se quiere a la parte? Requena fue para él, más que nada, un sentimiento. Su futuro fue también su propia vida. Buen estudiante. Al término del bachillerato en el Instituto de Requena, ingresó como funcionario en el Ministerio de Justicia, profesión que simultaneó, como alumno libre, con los estudios de Derecho, en los que se licenció con notable aprovechamiento. Posteriormente ganó las oposiciones al Cuerpo Técnico de Tráfico. Es lo que hoy se diría un hombre que se hizo a sí mismo. Y como no podía ser de otra manera, su dignidad fue la de todos. Estuvo siempre del lado de la justicia, de su correcta aplicación. Luchó apasionadamente contra todo aquello que atentaba a los derechos individuales y colectivos de la persona. Si en Requena destacó por la defensa, siempre por la vía del derecho, de sus legítimos intereses y del respeto al conjunto histórico de nuestra VILLA, en Madrid se significó por cuestionar el estilo de la reforma que se planea sobre la Iglesia de los Jerónimos y su claustro, por la ampliación del Museo del Prado. En los momentos previos a su cremación, el también amigo y paisano Luis Garcés me comentaba, para resaltar su figura bondadosa, que cuando cursaban los primeros años del bachiller, estando en clase de Religión el profesor de la asignatura preguntó a Antonio qué daría a Dios de lo mejor que tuviera, y éste, sin pensarlo demasiado, respondió: "los perniles de mi casa", y es que corrían los primeros años de la década de los cuarenta en los que se carecía de casi todo y las hambrunas parecían bíblicas. Ante tan inesperada respuesta, llena de la ingenuidad propia de los pocos años, le corrigió: "Tu alma. Eso es lo más valioso que tienes". Pues bien, Antonio ya ha entregado su alma a Dios. Un alma sencilla, generosa, honesta, limpia, sin rencor y si en alguna ocasión éste le afloraba, era volátil, efímero. Aunque, eso sí, su alma se irritaba, se rebelaba ante la injusticia y el desafuero, pero ¿Es eso malo? Yo estoy convencido de que Antonio debe de estar por los cielos, aunque no tenga la certeza de que a estas horas no haya iniciado algún contencioso celestial, si ha advertido alguna irregularidad urbanística en el Paraíso. Antonio, ten la seguridad de que tus paisanos y amigos te vamos a echar de menos. Aunque físicamente no acudas a las reuniones de los requenenses en Madrid, estarás en nuestro pensamiento y en nuestro corazón. Un abrazo para la eternidad. J.L.C.M
(Publicado en El Trullo de febrero de 2001) |
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