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En Requena, en los primeros años 60 los cines estaban llenos a rebosar. Aunque parezca mentira, era prácticamente imposible conseguir una entrada. La única posibilidad de asegurársela era comprar un abono. Es decir, pagas una cantidad y te abonabas a un asiento (siempre el mismo). Con eso te asegurabas una entrada independientemente de la película programada. Mis padres tenían tres abonos. Dos para ellos y uno para mi. Creo que ahí empezó todo. |
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En efecto, pensando de dónde me vino la afición por el cine, es bastante probable que viniera de esos domingos sentado en una butaca completamente a oscuras y dando cuenta de varias bolsas de pipas viviendo aventuras inimaginables. Las películas de vaqueros y de romanos se llevaban la palma. Eso si, había que ir a casa de Navarro el ordinario y preguntarle a Esperanza por la calificación de la película. Si era 3R o 4 (gravemente peligrosa) no se podía entrar. O si lo conseguías (como recuerdo en "Zorba el griego") siempre estaba en suspense de que el acomodador te descubriera, te enchufara a los ojos con su linterna y te pusiera de patitas en la calle. El Estado siempre preocupado por salvarnos de las llamadas eternas. |
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A pesar de éstos riesgos, ahí estaban Gary Cooper, Ava Gadner, Burt Lancaster, Lauren Bacall, etc. para hacerte soñar aventuras impensadas. Con el paso de los años empecé a desear dejar de ser sujeto pasivo y disfrutar del cine de otra manera. Surgieron por toda España y como una forma de oposición pacífica y soterrada al régimen de Franco, los Cine-Clubs. Eran unos locales donde proyectábamos películas organizadas por ciclos, directores, actores, temas, etc. de contenido eminentemente social y como reclamo de libertades deseadas. Antes de comenzar cada sesión se hacía una presentación de la película, del director y si venía al caso, de la corriente cinematográfica (neorrealismo italiano, Escuela de Barcelona, etc.). Después se veía la película y al final se hacía un coloquio con los asistentes para dialogar sobre las impresiones que dicha película había producido en los mismos. Pues bien, aquí en Requena tuvimos un Cine-Club que gozó de muy buena salud durante un tiempo. Los coloquios eran muy animados. Siempre recordaré cuando después de ver la película de BARDEM un joven reclamaba la falta de libertad que padecíamos en esos años. Un cinéfilo de 60 años le contestó: "No sé de qué os quejáis si estáis mejor que queréis. Ya te quisiera yo ver hace veinte años que sólo teníamos para comer pan de araza".Recuerdo asimismo un ciclo de cine de humor en el que programábamos películas incluso de 1898. También de René Clair, de Harry Langdon, de Buster Keaton, de Charles Chaplin y de los Hermanos Marx. Fue un éxito rotundo. LLenos diarios durante una semana. Las sesiones nocturnas acababan a las 2 de la mañana. Una noche, como el estruendo de las risas era tan grande que algunos vecinos protestaron y vino un guardia municipal a parar la sesión. Entró en la sala y hablé con él unos segundos, aunque no me hizo ni caso pues estaba todo el tiempo pendiente de las evoluciones de Charlot. Al rato, cogió una silla, se sentó y se quedó viendo la película hasta el final entre las carcajadas cada vez más sonoras. Mas tarde, junto a Andrés Pérez Martínez, como yo también hijo de Requena, pasamos a programar dos Cine-Clubs en Valencia y a escribir crítica en una revista de cine de los jesuitas: "SIPE". Al principio fue un error porque como novatos nos tocaba hacer las críticas de las películas de Kung-Fu, que entonces estaban muy de moda. ¡Cinco películas de Kung-Fu semanales! ¡Insufrible!. Cunando ya nos hicimos veteranos logramos hacer críticas de películas de Billy Wilder, Sam Peckipah o Carlos Saura. Mientras tanto mi amigo Andrés que estudiaba segundo de Medicina decide irse a Madrid a estudiar Cine. Yo estudiaba 3º de Químicas aunque de estudiar, poco, porque entre las críticas de las películas y la programación de los Cines-Clubs no me quedaba tiempo para estudiar. Me fui a la Mili y me libre. Es decir que en un mes y 17 días estaba de vuelta en casa. Y pensé que esto era una señal. Había ganado un año de mi vida. Esto querría decir algo. Seguro. En éstas, Andrés, que ya estaba matriculado en primero de Imagen, me llama y me dice que lo deje todo y me vaya para allá. Que el cine hay que hacerlo, no criticarlo. Y yo asocio esta llamada con la señal que supuso librarme de la mili, y decido irme a Madrid con él. Ahora, cuéntale a tus padres que vas a dejar una carrera con futuro por el "cine". En fin, un trago. Y me voy a Madrid con lo puesto. Me matriculo en la Facultad de imagen en la que no aprendo nada y a la vez en una academia privada de cine (que me pago repartiendo su propia publicidad) donde, aquí si empiezo a aprender la profesión. Madrid está en plena "movida" y nosotros la vivimos intensamente y sin un duro. Enviamos a Radio Requena unos cassettes con entrevistas con actores y directores que conseguíamos colándonos en los estrenos con una máquina de fotografiar en la que la mayor parte de las veces no había carrete. Más tarde trabajo de mensajero hasta que me parto la crisma en un accidente; sirviendo copas en varios bares; como encuestador, etc. Y si quiero ir al teatro, como no tendo un duro, solicito unas entradas llamadas de clac que son gratuitas y me obligan a aplaudir como un loco aunque no me gustara la función. Hasta vivo unos años con los "BURNING", el mejor grupo de rock del momento en la época de "Qué hace una chica como tú en un sitio como éste". Trabajo por el día y hago cortometrajes por la noche. Y cuando llego a casa me esta esperando Pepe "Risi", el guitarra y compositor de los Burning, para que le ayude a rimar canciones. No duermo. Como poco pero no importa. Estoy empezando a aprender una profesión que he elegido y que me fascina. |
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Por fin llega la oportunidad de hacer mi primer largometraje: "KARGUS", como técnico de sonido. Por aquel entonces yo llevaba melena, barba larga y descuidada, gafas redondas y me ponía encima de los hombros una capa. Era lo más parecido a Valle Inclán. De hecho los compañeros me llamaban "Valle". Durante el rodaje de esta película, además llevaba la pértiga de sonido y entonces me convertía en un híbrido de Valle Inclán y Don Quijote. |
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El caso es que entre mi pinta y que no debí hacerlo mal del todo, me fui abriendo paso poco a poco por el difícil mundo del cine. También he de reconocer que tuve mucha suerte porque cuando sólo llevaba hechas 3 películas como primer ayudante de dirección me llama nada menos que Pedro Almodóvar (a quien entrevisté durante la movida) para hacer de ayudante suyo en "MUJERES AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS". Una experiencia inolvidable. Ver a Pedro Almodóvar dirigiendo a Carmen Maura, Antonio Banderas, María Barranco, etc, fue realmente maravilloso y tremendamente divertido. Ellos se lo pasaban fenomenal y los afortunados que éramos testigos de aquello, también. A partir de aquí todo fue más fácil. Después llegaron Fernando Colomo, Manolo Iborra, Antonio Resines, Rosa María Sarda, Juan Echanove, Eusebio Poncela, Ángela Molina, Geraldine Chaplin, etc. Un montón de películas, un montón de series y la sensación de ser una persona afortunada. Y no quiero acabar sin mencionar a un director (muy vinculado a éstas tierras) con el que yo aprendí a amar el cine y presenté varias de sus extraordinarias películas en los Cines-Culbs que dirigí. Uno de los directores que mas admiro: LUIS GARCÍA BERLANGA. He tenido el privilegio de ser su ayudante en la que seguramente sea su última película: "PARIS-TOMBUCTU", y ha sido una de las experiencias más bellas y emocionantes de mi vida. No sé lo que me espera en el futuro, ni qué nuevas películas haré, pero a día de hoy , me doy por pagado.
(Publicado en El Trullo, edición agosto de 2001) |
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