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D. LUIS GARCÉS MARTÍNEZ
(Referencias publicadas en El Trullo de Agosto de 1983 - XXXVI F.V.-) Hace dieciséis años -¡cuánto tiempo! y parece que fue ayer- hice una semblanza biográfica, para EL TRULLO, de mi amigo Luis Garcés, con motivo de ser mantenedor del acto de proclamación de la Reina Mariló Climent, a petición de los responsables de la XX Fiesta de la Vendimia y, precisamente, porque conocían mi vieja, constante y entrañable amistad con él. Al final de aquella página de EL TRULLO decía: «A los treinta y cinco años esta es la rápida biografía de Luis Garcés. Dios quiera que, dentro de otros tantos, la podamos volver a hacer corregida y aumentada». No han pasado otros tantos, pero sí más de la mitad de otros tantos, y Dios ha querido, porque es así, que Luis venga a Requena a mantener otro acto de proclamación de la Reina de la Vendimia, esta vez de Chipi Campos, y que yo me sienta obligado y complacido de escribir unas líneas bajo su fotografía anunciadora en el órgano de comunicación oficial de la Fiesta, de que mi amigo ocupa este año tan alta distinción, porque para un requenense, presente o ausente -y más para los ausentes, y perdonen y comprendan los presentes- el hacer algo por o para Requena supone una gran satisfacción; y el ser de Requena un gran orgullo. |
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El curriculum de Luis Garcés -Liti para los amigos- ha sido corregido y aumentado notabilísimamente en estos tres lustras y pico, pero no voy a caer en la tentación de cantar o exaltar esas correcciones o aumento habiendo traspuesto, él y yo, los umbrales del medio siglo, edad en la que se empieza a estar de vuelta no de todo, pero sí de mucho. El tratamiento que tiene, sus honores, su obra o sus distinciones profesionales o académicas no valen tanto como el orgullo que tiene -y que comparto con él- de ser y sentirse requenense, uno más entre nosotros. Creo que casi todos le conocemos; los más jóvenes quizá no. Forma parte de quienes en su límite y esfera hicieron todo cuanto pudieron por Requena; y a él, como a muchos, se debe algo de nuestra tierra. Al hoy acudir a la llamada de su pueblo cumple -modificando viajes y compromisos ya contraídos- cuanto me parece que es su deber. Dije, y ahora ratifico con distintas palabras, ¡que Dios le de a él y a los suyos cuanto quiere para su pueblo!. LUIS-GIL OROZCO RODA |
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